Para Julia
Les Nymphéas, los Nenúfares en el estanque de la Fundación Claude Monet en Giverny, Normandía, Francia ©2010 Maite Díaz
La fachada amplia de piedra de la iglesia de Giverny está cubierta por un andamio metálico. Recubriéndolo, una gran tela blanca impresa con una foto de Claude Monet, sobria, en blanco y negro. De pie, con bufanda, la figura tiene un aire juvenil si no fuera por sus blancas y largas barbas. Sostiene en sus manos una enorme paleta y un pincel. La tela tensada sobre los barrotes de aluminio muestra la imagen del pintor a escala monumental como si nos mostrara al santo patrón del pueblo. Desde que Monet se instaló en 1883 en éste pequeño pueblo de la baja Normandía, los hilos de los destinos de ambos se han ido tejiendo hasta nuestros días.
En Giverny se ha conservado la arquitectura y la urbanización antigua de dos calles paralelas a una gran elevación caliza desde donde se domina el valle. El pueblo es pequeño, aproximadamente quinientos habitantes y remonta sus orígenes a una fundación galo-romana. Luego la sucesión de abadías controlaron los terrenos hasta la llegada de la Revolución. La zona está dedicada a la agricultura y la ganadería. Al cultivo de la manzana y la producción excelente de sidra natural y aguardientes de manzana, el calvados.
A partir de la primavera el pueblo se anima en los espacios culturales de la Fundación Monet, su antigua casa-atelier rodeada de jardines y el Museo Americano inagurado en 1996. Paralelamente a su instalación con su familia en Giverny, el pueblo comenzó a acoger pintores venidos desde Estados Unidos. Cézanne le visitaba con frecuencia y se hospedaba en la auberge de la calle principal. Su amigo y periodista Clemenceau disfrutaba pasar unos días con su amigo, conversando y fumando en el salón de la granja restaurada, donde Claude Monet instaló su mundo y creó los jardines y el estanque que le inspirarían las obras Les Nymphéas.
Ésta serie de obras de gran formato, Los Nenúfares, concentraron a Monet en un ejercicio de representación rápido y vigoroso influído por los dibujantes japoneses, los paisajistas que con la levedad de la tinta y el gesto captaban la distribución de volúmenes del paisaje en el espacio de la representación. Monet ejecutó muchas telas de gran formato como bocetos para éstas obras, éstos croquis utilizando el gesto y la materia revolucionarían el sentido de la pintura y abrieron el camino de la investigación hacia la abstracción. Los pintores norteamericanos del expresionismo abstracto y del action painting bebieron en las lecciones de Monet el sentido ritual de la observación y el acto -el gesto- de la representación. La pintora norteamericana de la escuela de New York, Joan Mitchell fue una gran admiradora de la obra de Monet. Durante los años cincuenta formó parte del movimiento abstracto expresionista. En 1955 se instala en Francia junto al pintor canadiense Jean Paul Riopelle. Mitchell alquila la primera casa donde vivió Monet en Vétheuil y vivirá en éste village hasta su muerte en 1992.
La propiedad de la casa de Monet, legada por su hijo a la Academia de Bellas Artes en 1966, fue convertida en la Fundación después de una restauración exhaustiva para recuperar la estructura y decoración de la vivienda del artista que había fallecido en 1926. Se extiende desde la calle principal, hasta la segunda calle que es una carretera secundaria que une Giverny a Vernon. La entrada para los visitantes es por el taller del artista. Bajando por unas escaleras descendemos al nivel más bajo de los jardines, tras la puerta se abre un espacio enorme de una gran nave industrial como las de los típicos ateliers de París construídos con estructuras metálicas y unas grandes vidrieras en los techos para garantizar una luz cenital pareja. Monet decía que la nave era horrorosa, pero vista hoy, integrada en el jardín, es un espacio maravilloso de trabajo adosado a la casa. Actualmente el atelier de Monet es la boutique de la Fundación donde “florecen” todo tipo de souvenirs relacionados al artista y su obra: reproducciones de fotografías y cuadros, camisetas, objetos y una excelente librería dedicada al artista y al movimiento impresionista.
En sus orígenes la propiedad era una granja normanda. Una construcción de piedra sencilla, de planta rectangular y dos niveles. Monet la rehabilitó y acondicionó para acoger a toda la familia numerosa. Los interiores son cálidos y los espacios comunes, el salón de la entrada, el comedor y la cocina están decorados con colores luminosos y rotundos; las paredes amarillas y azules acogen la colección de estampas japonesas del pintor.
El espacio del jardín ha sido reconstituído en el trazado original que diseñó el pintor. Monet, amante de la jardinería, dedicaba horas al jardín y a diseñar con la naturaleza. Una estructura de arcos cubierta de enrredaderas y rosales protege y dibuja el espacio estructurado por senderos de grava fina, organizados y sembrados de volúmenes de las diferentes flores seleccionadas por el artista. A continuación de éste espacio está el estanque que Monet mandó construir utilizando un afluente pequeño del río Epte. El estanque es como un inmenso espejo que la luz dibuja. El gran ovalo refleja con quietud los sauces, las flores y el bosque de bambú. Por momentos, un leve soplo, apenas perceptible, agita la superficie y dibuja una nueva imagen cambiante, el recorrido es una visión de obras simultàneas. La superficie y el suave soplo, la sucesión de imágenes. La obra eterna y efímera de Monet.
©2010 Maite Díaz



Blog a Ricardo González Alfonso, escritor
Blog Jama y Libertad
Magnífica foto
Gracias, subiré otras del estanque en éstos días.
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