La Caída del Muro de Berlín y Gorbachov

Hubert Védrine que fuera Ministro de Asuntos Exteriores de François Mitterrand, y parte de su equipo de asesores, ha mantenido una conversación, veinte años después, con Mijail Gorbachov sobre el papel de los dirigentes políticos occidentales en la Caída del Muro de Berlín. En otro documento se recordaban los diàlogos de Helmut Kohl y de François Mitterrand, -éste último tal vez excesivamente prudente- frente al cambio que comenzó a producirse en el bloque del este, después de la muerte de Andropov y Chernenko y la llegada de Gorbachov como un soplo de aire fresco con  su proyecto de reformas políticas y económicas.

Gorbachov comenzó las reformas con la perestroika y la glasnost en 1985, fue él quien dio órdenes de no tirar en ningún caso en la frontera húngara cuando se organizó la huída masiva por la frontera con Austria. El hombre que abrió a Occidente la sociedad estalinista dirigida por un politburo comunista de hombres envejecidos e inmovilistas. Es como la situación cubana, es revelador cómo el totalitarismo repite sus estructuras en culturas y geografías tan diferentes. También en la narración de Roland Dumas, ministro de asuntos exteriores en aquella época conocemos los detalles de cómo convenció a Mitterrand de acudir a los funerales de Chernenko y tener las primeras entrevistas con Gorbachov. Es el primer contacto con un dirigente de la Europa libre y cuentan que Mitterrand se impresionó porque se dio cuenta que el nuevo secretario del partido comunista era un dirigente soviético diferente y un hombre determinado a cambiar el sistema. Margaret Thatcher y Mitterrand tenían temores lógicos de una reunificación acelerada, temían que se hiciese antes de la construcción de Europa, que los rusos ripostaran militarmente. Alemania ha sido un gigante temido en Europa después de dos guerras sangrientas en menos de cincuenta años. El costo fue alto y había razones históricas para la prudencia y la desconfianza.

Gorbachov contaba que la memoria  de los sucesos de la represión militar rusa en Budapest, en 1956, y en Praga, en 1968, le produjeron siempre vergüenza, y que no olvida en una vista a Checoslovaquia en 1969, cómo los obreros en una fàbrica les daban la espalda. Su sinceridad política es precisa cuando recordando los acontencimientos declara: “habíamos humillado a los checos y eslovacos, todo aquello me marcó profundamente, todavía siento vergüenza”. “Soy un hombre de conciencia, de moral, no soy como esos políticos que creen que el fin justifica los medios”

Las críticas y desacuerdos dentro del régimen comunista debían hacerse con mucho cuidado, las represalias eran definitivas para quien  se atrevía a criticar y disentir de las decisiones dogmàticas. Gorbachov a su llegada a Berlín oriental por el 40 aniversario de la RDA fue recibido como un liberador. Habló con los dirigentes comunistas alemanes: es el pueblo alemàn el que debe expresar su voluntad. Sus diferencias con Honecker fueron explícitas y ésto permitió que los dirigentes alemanes se atrevieran a destituirlo directamente de sus funciones en el Partido. La influencia política de Gorbachov en los acontecimientos no ha sido valorada. Quizàs porque seguía siendo un “comunista mutado” como lo definió Reagan. Gorbachov en la conversación con Védrine definía la Caída del Muro como “un àrbol que cae porque su tronco està podrido”. Un tema en el que no se profundizó durante ésta conversación, es la concepción y estructura del sistema comunista y la imposibilidad de reformarlo. Al menos no fue posible en cinco años establecer los cambios que él había previsto escalonadamente para pasar a una economía de mercado competitiva. Para Gorbachov la valoración final de su período político, se resume a un sentimiento de traición histórica de los dirigentes occidentales, sus reformas no tuvieron tiempo de realizarse. La crisis energética provocada por Ronald Reagan consistió en bajar el precio del barril de petróleo, creando el caos económico en el interior del país. Reagan maniobró con el rey Saudí para bajar los precios del barril de crudo de 35 dólares a 8 y 12 dólares. Gorbachov recuerda el hecho como “una puñalada por la espalda”, su aliada Margaret Thatcher no fue escuchada cuando pedía que se le ayudara. Rusia al final, no se ha democratizado realmente. Los capitales extranjeros aprovecharon la situación de un país de rodillas -así lo define Gorbachov- y los rusos desesperados regalaron y entregaron el país. Los empresarios extranjeros compran por nada, los rusos todavía no saben negociar, asegura Gorbachov.

En Francia  desde la perspectiva de veinte años, se trata de justificar la actitud prudente de Mitterrand y su visita a la RDA – muy criticada- y realizada en los momentos de las conversaciones entre Kohl y Gorbachov en junio de 1989, cuando sentados frente al Rhin, hablaron sobre el fin del muro desde la metàfora de la vida que fluye, del río y su curso imposible de detener. Mitterrand tenía la idea que ésta reunificación debía pasar pacíficamente, democràticamente, utilizando la convocación a un pleibiscito y  reforzando políticamente a Europa con la entrada de Alemania en la OTAN. En la apertura de la frontera húngara, Gorbachov dio orden de dejar pasar y no disparar cuando el primer ministro húngaro le consultó. Hay detalles de las negociaciones de la reunificación que ahora son develados, hubo condiciones que se le impusieron a Alemania, como el respeto de las fronteras de Polonia, discusiones firmes y palabras y frases descritas como brutales, enunciadas en una anécdota por una colaboradora de Mitterrand  quién escuchó decir a  los integrantes de la delegación alemana: los polacos crean problemas entre nosotros: alemanes y franceses. Según  Hubert Védrine la reunificación fue posible gracias al talento de los hombres políticos que jugaron en ella, fue un resultado posible porque no se utilizaron fórmulas nacionalistas sino políticas modernas y eficaces.

Gorbachov quedarà en la historia como el hombre político que hizo estallar el sistema, el Muro desde el interior. Escuchàndolo tengo la impresión de un hombre que aunque no pudo terminar su proyecto político, siente el placer -y la dicha- de haber devuelto la dignidad, la palabra y la libertad a su gente y al resto de países que estuvieron bajo la represión comunista durante cuarenta años.

©2009 Maite Díaz

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